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| Opiniones x e-mail |
| LA CRISIS CONTINÚA Y EL PUEBLO SIGUE AFUERA | ||||||||||||||
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horas de entusiasmo, y también de oscuridad. A las jornadas en que
el pueblo se vuelca a los balcones, a las calles y a las plazas reclamando
su derecho a echar a los que traicionan el mandato recibido, se suceden
la violencia y el caos. Sólo un sector de la sociedad mantiene una
absoluta coherencia en cuanto a las señales y conductas: La
dirigencia que invariablemente se comporta de manera que sólo puede
recoger más repudio, rechazo y asco.
Han llegado a tal degradación que ya ni siquiera se preocupan de consultar la voluntad del pueblo: Entre las sombras urden sus maquinaciones para repartirse un poder que cada vez es más efímero y desprovisto de legitimidad: los concretan en asambleas integradas por quienes han sido rechazados, todos, por más del 40% del voto de la gente en las últimas elecciones y repudiados en recientes jornadas por la totalidad del pueblo argentino. Incurren en contradicciones tan ridículas, que sólo pueden explicarse por un total desprecio al pueblo al cual pretenden representar: Un día resuelven que corresponde designar un presidente hasta un rápido llamado a elecciones y, las mismas personas, una semana después disponen lo contrario: designan otro presidente por dos años. Por lo menos son concientes del asco y repugnancia que generan: La asamblea la celebran en un Congreso sitiado con vallados custodiados por policías para mantener bien alejada a la gente. Saben que de otra manera escucharían las voces del desprecio. No sólo se niega al pueblo el derecho esencial de la República, votar, sino que se lo aleja para que los que no por mérito, sino por habilidades para aplicar sus truculentos ardides para moverse dentro de los despreciables vericuetos de una decadente y monopolista partidocracia , se suponen integrantes de una aristocracia que nada tiene que ver con la República como el modelo que seguirán consagrando y manteniendo con matices nada tiene que ver con un capitalismo serio. Los autores responsables de las desgracias de los argentinos y de la ruina de la economía y de las instituciones, se autodesignan como quienes vendrán a reparar los desastres sociales y humanos que han causado en la Argentina. Ligeros para el sofisma, rápidos para comprender que al pueblo ya no lo atajan más, intentan frenar a la gente con la represión intelectual ya que no lo pueden hacer con la física: Intentan promover el miedo a la guerra civil. No puede haber guerra civil aquí, en estos días cuando la población está muy unida en el desprecio a ese núcleo reducido de arribistas que componen la dirigencia. Presiente además la gente de dónde vinieron los que ocasionaron los desmanes y con qué propósitos. Hay información. Mientras unos quieren meter miedo con la guerra civil, para desactivas la protesta, otros proclaman que mejor que la gente proteste desde su casa o desde la vereda: que no vaya a la plaza. Aconsejan el onanismo y la insolidaridad individualista cuando la gente quiere otra cosa. No entienden nada. La gente goza, siente placer en reconocerse en las marchas, sentirse como integrantes de un mismo pueblo y de una misma Nación que se congrega en el sitio que le pertenece desde el fondo de la historia. Quiere marchar a la Plaza y expresarles con alegría su desprecio a corruptos e incapaces. Los Argentinos han vuelto a ser un Pueblo. Unido. Y reclamando por su destino. Por un proyecto que rescate a la Nación. Somos de nuevo un Pueblo. Queremos ser una Nación. Y queremos representarnos a nosotros mismos. Dios salve al Pueblo Argentino.(Manuel Herrera Presidente de CAUSA - Enero 2002)
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