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LA HOMOSEXUALIDAD, LOS "GAY" Y LA IGLESIA CATÓLICA
Aparte de las batallas con respecto al aborto y la eutanasia, quizás no haya otra batalla tan grande en la Iglesia Católica, que la que tiene que ver con el homosexualismo. En una época en que la Iglesia se enfrenta a las tempestades de los abusos sexuales de monaguillos por parte de algunos sacerdotes; en que los grupos pro derechos de los homosexuales llevan a cabo sacrílegas demostraciones durante la misa, y en que los clérigos desobedientes llevan a cabo "bodas" de personas del mismo sexo; no en balde los católicos tradicionales están llenos de confusión, frustración e ira.

La mayoría de los católicos no aceptan el homosexualismo, no quieren entender lo que éste significa y generalmente prefieren que el asunto sea colocado de nuevo "en el closet, donde pertenece". Otros, que constituyen una minoría -especialmente aquellos que están asociados al grupo Dignity (2)-, quieren que el tema se discuta; si dicha discusión ha de llevar a un cambio en la doctrina de la Iglesia Católica con respecto a los actos homosexuales.

Puesto que fui activista homosexual y ahora soy un católico comprometido con vivir la castidad, les pido a todos los católicos, tanto a los laicos como a los clérigos, que se unan para predicar la totalidad de la enseñanza de la Iglesia Católica sobre este asunto. Hago esta llamado porque considero que es una enseñanza llena de dignidad, verdad y respeto por todas las personas; que si se predica con integridad y determinación, llevara a muchos a vivir una vida plena en Cristo.

Quiero comenzar por reafirmar este mensaje, contándoles algo sobre mi propia vida. Opino que es necesario darles alguna información sobre mi conversión del activismo "gay" (homosexual) a la castidad. Mi orientación homosexual y la vida que había construido en torno a ella eran tan indispensables a mi identidad básica, que no podía comprender cómo alguien podría objetar a lo que yo estaba haciendo.

Después de todo, yo constituía una prueba viviente de que los homosexuales podían vivir una vida sexualmente activa, que era espiritual y temporalmente satisfactoria.

Tenía un amante, con quien había vivido por cinco años, un condominio en un área metropolitana grande, un trabajo satisfactorio, y una vida religiosa como episcopal que era, que aunque no era perfecta constituía un tesoro para mí. ¿Qué más podía desear?

Sin embargo, cuando oraba o reflexionaba calladamente me daba cuenta de que algo andaba mal. Poco a poco comencé a comprender que mi sexualidad no era algo de lo que yo era el dueño, sino que Dios era en realidad su dueño; y que las Escrituras claramente muestran el doble propósito de la sexualidad.

Dios creó las relaciones sexuales por dos motivos: para la procreación y para unir a los esposos en el amor, el respeto y la vida en común. Estos propósitos están en contradicción con la vida sexual que yo llevaba, ya que las relaciones homosexuales no pueden procrear.

Después de muchos meses de indecisión, ya no pude continuar siendo deshonesto.

A la luz de las Escrituras, la tradición de la Iglesia y mi reflexión, tuve que admitir que Dios exige de mí lo mismo que exige de todo cristiano que no está casado: una vida casta. Así fue como abandoné por la fe todo lo que hasta ese punto había considerado importante para mí.

Si Cristo me estaba pidiendo que viviera la castidad, yo tenía que decidirme a hacerlo.

Todo lo demás y a todas las personas las puse en Sus manos. A partir de ese punto recorrí rápidamente el camino hacia la conversión y la aceptación de la fe católica; impulsado por tres realidades de la Iglesia que la hacen muy atractiva para los homosexuales que quieren vivir la fidelidad y la pureza sexual.

Primeramente, la Iglesia Católica es la única institución que no sólo predica la verdad sobre la castidad para los homosexuales, sino que además ofrece ayuda real y práctica para vivirla.

Segundo, la Iglesia Católica es la única institución cristiana grande que reconoce el hecho, de que realmente no sabemos qué es lo que causa la orientación homosexual.

La Iglesia no exige que uno se convierta en heterosexual como una condición previa para participar en esa hermandad, ni tampoco decide por anticipado que los homosexuales no son lo suficientemente responsables como para tomar decisiones.

Finalmente, la Iglesia Católica posee la verdad, no sólo con respecto a su dogma sobre la homosexualidad, sino también en lo que concierne a todo lo demás.

Mi camino hacia la Iglesia Católica comenzó cuando buscaba ayuda para vivir la castidad; pero encontré mucho más. Comprendí que la Iglesia en sí misma es una fuente de gracia, para ayudarme en mi deseo de vivir más unido a Dios. Los sacramentos, especialmente el de la Reconciliación y el de la Eucaristía, han sido un modo enormemente importante para acercarme a Jesús, sin importar mi orientación sexual.

Es cierto que tenía dudas, pues nadie en mi familia era católico. Algunos hasta eran anticatólicos y todavía lo son. Sin embargo, la verdad que descubrí, la cual me había llevado a este punto; no me permitió demorarme más y entré a la Iglesia Católica durante la Pascua de Resurrección en 1993.

Esto es lo que yo quisiera que los católicos hicieran en el futuro:

Primeramente, que aprendieran lo que la Iglesia Católica enseña sobre la homosexualidad.
Según la Iglesia, esta es una tendencia hacia actos sexuales desordenados, pero no es un pecado en sí misma. Como tendencia, no es un pecado mayor que una inclinación hacia la fornicación hetereosexual o el adulterio. Se puede afirmar que la gran mayoría de los homosexuales no escogen tener esos deseos, y muchos consideran que el vivir con ellos es, en palabras del Catecismo (#2358), "una prueba".

Segundo, tengo esperanzas de que los católicos tradicionales dejen de horrorizarse y expresar su desaprobación por el hecho de que existen personas que tienen inclinaciones homosexuales en nuestro mundo y nuestra cultura. Esta es una actitud que va mucho más lejos que el mostrar desaprobación por los actos homosexuales (los cuales sí son intrínsecamente malos); se acerca peligrosamente a la condenación de las personas homosexuales, como seres humanos que son.
Creo que todos estamos de acuerdo en que lo ya mencionado es algo que Jesucristo no ha hecho ni hará jamás. Por el contrario, nos advierte que no debemos de hacerlo (Mateo 7: 1-5 y Lucas 6: 36-37).
Opino que esa actitud errónea ha llevado a que aumenten las filas de los homosexuales católicos que tal parece se quieren ir al infierno no solamente porque los ciega el pecado; sino debido a que nadie les ha dicho la verdad con amor. El amor sin la verdad puede corromperse y volverse violencia egoísta, pero la verdad sin amor es brutal.

Tercero, por difícil que esto pueda ser, los fieles católicos deben de aprender a reconocer que no todos los homosexuales abusan sexualmente de los niños. Los escándalos que han tenido lugar con respecto a los sacerdotes que han abusado de monaguillos, le han dado popularidad a este prejuicio. Sin embargo, el identificar el término "pederasta" (persona que abusa sexualmente de los niños) con el término homosexual, no sólo falta a la caridad sino que es casi una difamación.

Cuarto, tengo esperanzas de que los clérigos católicos estimulen más a los homosexuales en lo que concierne a su dignidad como seres humanos creados por Dios y en su vocación a vivir la castidad, la cual comparten debido a esa dignidad. Debería incluirse esta advertencia del Catecismo (#357) en más homilías y sermones. La dignidad primordial de las personas que tienen inclinaciones homosexuales se daña cuando loscatólicos tradicionales les condenan y cuando los católicos heterodoxos nos insultan tratando de hacernos creer que los actos homosexuales, al igual que las relaciones sexuales fuera del matrimonio, no son pecaminosos y no dañan nuestra relación con Dios. Es una ironía el hecho de que ambos grupos son culpables de la misma actitud: definir a las personas que tienen inclinaciones homosexuales, no por la virtud que son capaces de adquirir con la gracia de Dios, sino por la actividad que esa gracia les puede dar las fuerzas para resistir y ser castos.

Quinto, tengo esperanzas de que más obispos, clérigos, religiosas y laicos conozcan y apoyen el poderoso ministerio del Padre John Harvey O.S.F.S. y su organización Courage (Coraje). Esta organización comenzó siendo muy pequeña, pero se ha convertido en un apoyo vital para miles de personas homosexuales que están dejando el estilo de vida "gay", o que están luchando en privado con una inclinación homosexual.

Uno puede tener una inclinación homosexual pero no ser "gay" (1) en el contexto moderno en que se define ese término (o sea, "orgulloso de serlo" - nota de la traductora).

Al autoidentificarse y "salir del closet", lo cual es tan importante para la comunidad homosexual "gay", uno sacrifica su identidad personal por la del grupo.

La orientación sexual homosexual pasa de ser un aspecto de la personalidad a ser lo que la define.

Si usted es un cristiano(a) que ha escogido ser "gay", opino que hay buenos motivos para que ahonde en su corazón para ver si hay en él idolatría. He observado que una vez que la persona ha tomado la decisión de que no sólo tiene una orientación homosexual sino de también ser "gay"; dicha orientación tiende a convertirse en un aspecto que domina toda su identidad y todo lo demás: la sociedad, la fe, las instituciones y hasta Dios. Todo lo verán y lo juzgaran a través de ese lente.

La orientación homosexual no es algo que escoge la mayoría de la gente, pero el ser "gay" sí lo es. Es esa decisión la que motiva a grupos homosexuales como Dignity o Act Up (grupo de "gays" radicales).

Opino que un entendimiento tan equivocado de nuestra identidad primordial, es la fuente de estos desastrosos errores, porque el establecer nuestras raíces en otra cosa o en otra persona que no sea Cristo, socava nuestros esfuerzos por obedecerlo o seguirlo.

Si yo, tenga o no una inclinación homosexual, no uno mi identidad primordial primero que nada y para siempre a Cristo, entonces cualquier intención que yo tenga de controlar o manejar mi comportamiento, jamás triunfará. Mi primer compromiso es con Él. Todo lo demás -relaciones, deseos, pensamientos y esperanzas- deben de ser añadidos a esta verdad de que existo sólo en cuanto a mi relación con Cristo.

Notas: 1. Término acuñado por las personas con inclinaciones homosexuales de Estados Unidos que significa admitir públicamente que practican la homosexualidad y que están orgullosos de serlo. 2. Este grupo denominado "católico" se opone a la doctrina de la Iglesia Católica sobre la homosexualidad. (David Morrison)

David Morrison reside cerca de Washington DC y es escritor, autor y estudiante. Este artículo es una traducción resumen del que se titula "Out of the Closet and Into Chastity", el cual aparece en el website de Human Life International (Enviado desde Nueva York, el 18 de enero de 2002)
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